DECLARANDO UN FINAL A LA GUERRA DEL VOLUMEN

DECLARANDO UN FINAL A LA GUERRA DEL VOLUMEN

Imagina una situación donde estás afuera, frente a tu casa, y escuchas música que viene de varias cuadras a lo lejos. Tú sabes bien que estás escuchando una banda tocando en vivo. Ahora imagina que tu vecino toca piano o saxofón. ¿Qué es lo que hace tan fácil el poder reconocer si ellos tocan sus instrumentos o escuchan una grabación en su sistema estéreo? Tu vecino podrá tener el mejor sistema estéreo que hayas escuchado pero cuando lo están escuchando y sus ventanas están abiertas, sabes que es el estéreo y no música en vivo. ¿Qué tiene la música en vivo que inmediatamente nos dice que es en vivo, incluso a distancia? Claro que la diferencia entre ejecutarlo en vivo a reproducirla incluso por el mejor sistema de reproducción todavía es bastante grande. Aún así, tenemos reproductores que hoy pueden aproximarse a este ideal a un punto jamás pensado por aquellos que hicieron las grandes grabaciones en décadas pasadas. Los mejores sistemas modernos son capaces de revelar detalles grabados no percibidos cuando fueron hechas muchas grabaciones famosas. Cuando se reproducen estas grabaciones, un buen sistema puede mostrar muchas marcas capturadas por los ingenieros y en estas marcas hay muchos signos de “Vida”. Estos es verdad en especial para aquellas grabaciones hechas deliberadamente para almacenar o documentar una presentación (un documento grabado busca mantener el balance instrumental, timbres, ambiente acústico, características espaciales y dinámicas, tal como lo hubiera escuchado un oyente que estuviera presente cuando ocurrió el evento). Esto también se aplica a aquellas grabaciones que no contaron con una presentación real, usándose el estudio como el instrumento en sí para crear el sonido final. Muchas grabaciones de pop y jazz suenan más vivas, más reales hoy en día, que como sonaban con los mejores sistemas en el pasado. Particularmente en la grabación de música popular, el papel desempeñado del ingeniero ha cambiado de documentador a co-creador de la interpretación final, lentamente la audiencia se ha ido ajustando a esas grabaciones “finales”. La grabación es la interpretación. El resultado es una especie de grabación mágica que no pudo ocurrir de otra manera y hay un enorme legado de ejemplos, desde instrumentos tocados en reversa a sonidos que se mueven alrededor del escenario hasta super velocidades a címbalos siseantes en vez de toques, etc. Pero en algún punto de la línea, en muchas casos algo se pierde que no debería perderse. Todos esos procesos creativos que el estudio permite frecuentemente han suplantado mucha de la Vida en lugar de añadirle algo nuevo. Hoy, muchas grabaciones suenan como si fueran escuchadas desde la radio, aún escuchadas con los más finos sistemas de audio. Hay una calidad encajonada, una ausencia de esa Vida que se siente tan excitante al estar en presencia de los músicos. No existen argumentos cuando esto es un efecto deseado y buscado por el equipo creativo. Sólo llega a ser un cuestión cuando muchos empiezan a creer que “tiene que ser” de esa manera. Esto ocurre cuando los músicos son nuevos en la realización de la grabación y los ingenieros de grabación son novatos apenas aprendiendo y no son expuestos a alternativas. Esto nos trae de nuevo a la pregunta al inicio del artículo: ¿Qué tiene la música en vivo que inmediatamente nos dice que es en vivo, aún a la distancia? La respuesta puede ser ampliamente resumida en tres palabras: factor de cresta. El factor de cresta es un término usado para describir la diferencia de volumen entre el nivel promedio del sonido y el nivel de los picos de ese sonido. Los niveles del sonido son medidos en decibelios o “dB”. En una interpretación musical, frecuentemente los picos pueden ser 20 decibelios más fuertes que el nivel promedio de la música, a veces más. Para tener la idea de la magnitud de esta diferencia, imaginemos tienes una conversación normal con alguien a un par de metros de ti y durante esa conversación, chocas las manos fuertemente. El pico creado por el aplauso puede estar 20 decibelios o más arriba del nivel promedio de tu conversación. Son los picos los que contienen mucho de ese “sobresalto”, la “presencia” o “ataque” de los sonidos instrumentales. Los picos son usados también por compositores para enfatizar ciertas secciones de una composición musical. Sin los picos, la “Sinfonía Sorpresa” de Haydn no tendría mucho de esa sorpresa. Sin los picos, las baterías de Elvin Jones no tendría el mismo impacto emocional.

¿Qué Es Lo Que Haremos Con El Volumen?

Actualmente el mundo de la música grabada está en medio de la mencionada “Guerra Del Volumen”. Mientras que esto ocurre principalmente en el mundo de la música pop, sus efectos han llegado a otros géneros musicales. En un artículo mío reciente llamado “¿Qué Es Masterización?” menciono que hoy en día muchos ingenieros de masterización “compiten” en base a qué tan fuerte se oyen sus grabaciones. Un buen número de productores de grabación y gente de A&R (división de repertorios y artistas de una empresa discográfica) todavía creen que compramos música porque suenan fuerte y no porque nos guste la música en sí. La historia de la guerra del volumen puede ser rastreada desde los 70’s cuando los ingenieros de masterización de vinilos empezaron a elevar los niveles al inicio de cada lado. Esto añadido al impacto inicial del sonido al momento que empezaba a reproducirse. Con el vinilo, la cantidad de tiempo de reproducción disponible en un lado del disco tiene relación directa con qué tan alta la grabación es editada. Más alta la señal, menos tiempo por lado. Ya que editar el lado entero a un nivel elevado resulta en acabarse el espacio antes que la música termine, de modo engañoso se bajaban los niveles al “normal” después de más o menos los primeros 30 segundos transcurridos. La llegada del Disco Compacto significó que el tiempo de grabación ya no tenía relación con los niveles de grabación, por lo que los ingenierons pudieron subirle y dejarlo así  por toda la duración del disco. Sin embargo lo digital trajo sus propios límites de qué tan alta la señal podía ser. A diferencia de las cintas y los discos analógicos, que alcanzaban sus puntos de saturación (y por ende distorsión) de forma gradual de acuerdo al nivel incrementado, los digitales tienen un máximo que no puede ser excedido sin una enorme distorsión resultante. Las señales de audio convertidas a digitales son almacenadas en ceros y unos. El mínimo nivel que puede representarse en binario (el “código” de almacenamiento digital) serán puros ceros. en el formato de 16 bits del CD, sería 0000000000000000 (16 ceros) y significaría silencio completo. Un sonido de nivel intermedio puede representarse por una “palabra” digital consistente de algunas combinaciones de unos y ceros, dependendiendo de exactamente qué tan alto el sonido es. Un ejemplo de dicha palabra digital podría ser 0100100110110111. El máximo nivel sería 0111111111111111 (un cero seguido de 15 unos. Esto representa la “escala completa”, llamada también 0dBFS (cero decibeles, escala completa en inglés). Eso es todo. No hay ningún dos en código binario por tanto es lo más alto que puede ser (por razones técnicas, que están más allá del enfoque de este artículo, el nivel más alto no son 16 unos. Aquellos que deseen profundizar en su significado buscar “complementos a dos” en referencia a la codificación del CD).  Si tomaramos la conversación y los aplausos que mencionamos antes, y los grabaramos digitalmente sin sufrir ninguna distorsión, los aplausos (en el ejemplo los picos) quedarían en el cero de la escla digital (0dBFS) y la conversación habiendo dicho eran 20 decibelios más bajos en el nivel de picos, quedaría a -20 on la escala digitial. Nuestro nivel promedio, la conversación, sería de -20, con nuestros picos, los aplausos, en 0. ¿Cómo seguir siendo “competitivos” y hacer grabaciones más altas en volumen si ya se alcanzó el tope digital? Nuestros ingenieros competidores querrán hacer el promedio de grabación a un nivel mayor a -20. Digamos que quieren subir el nivel por 3 dB, un incremento de volumen audible sencillo. Si simplemente aumentan todo el nivel en 3 dB entonces la señal ahora promedia en -17, los picos que son 20 dB más fuertes ahora estarán 3dB por encima de los 0dB máximos que no tenían distorsión. Como no hay manera de representar digitalmente una señal que excede de 0 dB (un cero y 15 unos), los picos serán “recortados”, por lo que la figura natural de los picos de la onda de sonido serán achatados en el tope y en lugar de verse como una montaña, parecerá más bien un meseta achatada como las hay en Utah. Achatando las señales musicales sonaba siseante y “distorsionado”, así que nuestro ingeniero tenía que hallar otra forma. Aquí es cuando entra la compresión. Para lograr su objetivo de aumentar el nivel del disco en 3 dB, el ingeniero de nuestro ejemplo necesitaba comprimir el ondulado dinámico de la señal para que los picos no sobrepasen los 17 dB más alto que el promedio. De esa forma, llegarán justo a 0 en el medidor digital y no serán recortados. Usando las herramientas disponibles para la compresión dinámica, nuestro ingeniero ha hecho un CD que es 3 dB más alto que el que podrían hacer si dejaran intacta la señal original. Pero siendo la guerra del volumen, pronto todos estaban comprimiendo sus señales por 3 dB y así podían alcanzar los niveles de volumen promediados. Para mantener ese límite competitivo, nuestro ingeniero querrá comprimir los picos en su siguiente projecto en 6 dB, un incremento del nivel suficientemente justo. Ahora, los picos son tan sólo 14 dB más fuetes que la señal promedio. El nivel promedio original de -20 puede ser llevado hasta -14 sin recortar los picos. Y cuando todos los demás empezaron a comprimir los picos en 6 dB, de qué otra forma puede nuestro ingeniero estar en el negocio más que empujando los niveles aún más alto. Estos picos de 20 dB originales son reducidos a picos de 10 dB, ¡un décimo de su nivel original!… o menos. Ya empezamos a ver muchas grabaciones  con rango dinámicos del orden de ¡6 dB! Recuerda, cuando se introdujeron los Discos Compactos, una de las promesas era el potencial de 96 dB d rango dinámico (los más nuevos, los formatos de 24 bits de alta resolución tienen el potencial de 144 dB de rango dinámico). Desde los sonidos más suaves apreciables a los límites del dolor, el oído hummano puede abarcar  un rango dinámico de 130 dB. Estamos empezando a ver grabaciones con rangos dinámicos del orden de 6 dB, ¿Cómo suenan esas grabaciones? Bien, suenan fuerte. Hemos notado que muchos conocidos buscarán el control del volumen para bajarle. Estas grabaciones también tienen una calidad “estresante” que hace que al escucharlas por largos ratos una sensación de fatiga, o incluso molestia. Para empeorar las cosas, muchos ingenieros están llevandolo un paso más allá permitiendo algunos recortes en el resultado final, sólo para exprimir (y “exprimir” es exactamente la palabra) un poco de más volumen a la grabación.

La Guerra (del Volumen) Termina (Si Tú Lo Deseas).

Las raíces de la guerra del volumen se inició más posiblemente cuando alguien notó que un pequeño incremento en el nivel es percibido por muchos escuchas como un sonido “mejor”. Y si un poco es bueno, la creencia pudo ser, que más será mucho mejor. Aumentando los niveles de grabación se pierden los beneficios de conseguir el mismo incremento de volumen al subir el volumen de la reproducción (Más de esto en los momentos que hablemos sobre controles de volúmenes). Muchas de las personas quienes buscan los volúmenes altos escuchan las versiones comprimidas y las encuentran “mejores” que las no comprimidas. Si tomaran la versión comprimida y cuidadosamente ajustaran el nivel de reproducción para igualar a la versión no comprimida, verían que lo que les impresionó fue el incremento de volumen (cantidad) pero no necesariamente en incremento de calidad. De hecho, la calidad en una grabación comprimida tiende a moverse en la dirección opuesta. Parafraseando de uno de mis héroes musicales, la guerra del volumen termina (si tú lo deseas). Y hay muchas buenas razones sónicas y musicales para acabarla ya. Desde un punto de vista sonoro, podemos empezar con el control de volumen y su efecto en cómo suena un sistema de reproducción. Electrónicamente, un control de volumen es un tipo de resistor (resistencia variable)*, colocado en el paso de la señal que nos permite (ya lo imaginas) controlar el volumen de reproducción. Si evitáramos el control de volumen, ¿el sonido desaparecería? Imagina una tubería de agua que termina en un grifo que usas para controlar la cantidad de volumen de agua que la tubería entrega al lavabo de tu cocina. Si quitaramos el grifo, lejos de parar, el flujo de agua saldría de la tubería con su fuerza máxima. Similarmente, sin un control de volumen, los niveles de reproducción de tu sistema estarían al máximo y peligrarían tus oídos así como tus bocinas. Los contoles de volúmenes, como los grifos de agua, son usados para bajarle a las cosas, no subirles. En efecto, significa que hay más del control de volumen en el circuieto cuando el volumen es bajado que cuando es subido. Las grabaciones de volumen alto te hacen ajustar tu volumen a un punto más bajo que las grabaciones no tan altas para igualarlas en el mismo cuarto. Dicho de otra manera, cuando el nivel de grabación no es forzado, subes el control de volumen un poco más que para una típica grabación comprimida. Cualquiera que haya probado diferentes controles de volumen sabrán que son dispositivos que pueden tener un efecto profundo en la calidad de sonido que un sistema puede dar. Esto significa que si hacemos dos grabaciones idénticas que difieran sólo en el nivel, el más bajo resultará en una mejor calidad de reproducción porque al subirle al volumen de reproducción, habrá menos del control de volumen en el circuito. Al reproducir la grabación más fuerte al mismo nivel aparente, tendremos que bajarle al control de volumen, poniendo más de él en el paso de la señal. Mientras esto puede ser insignificante con diferencia de pocos decibeles, cuando la diferencia se acerca a 10 dB o más, ya hay consecuencas audibles.

Hay otras razones sonoras para no forzar los niveles de grabación, entre las principales está el hecho de que muchos circuitos tanto analógicos como digitales (el último, contrario a la creencia popular) proporcionan mejor desempeño audible cuando los niveles no están forzados a lo máximo. Entonces hay muchas razones musicales para acabar hoy con la guera del volumen. Volviendo otra vez a ¿Qué Es Masterización? mencioné que en mi experiencia todas las mejores grabaciones de sonido que haya escuchado tienen en común el hecho que no son de volumen fuerte. Al tener la maximización de volumen como objetivo requiere el sacrificio de lo dinámico. Mientras pueda entender el uso de la compresión como un efecto en pistas individuales de una multipista (digamos el sonido del platillo de Ringo), no me es aceptable su uso en mezclas enteras donde generalmente es usada para conseguir más volumen alto (muchos dicen “fortalecer” pero ¿cómo aumentas esa fortaleza al quitarle su dinámica, que es donde reside su fuerza?). Hay quien dice que la compresión ayuda a que las partes más silenciosas de la grabación sean más fáciles de escuchar en carretera cuando la oyes en el auto. O que hace más fácil escucharlas en la noche sin molestar a los vecinos. Los amantes de la música tienen que preguntar por qué sus grabaciones deberían ser adaptados a las situaciones de más bajo común denominador. ¿Por qué no tener un botón de “compresión” en el reproductor, tanto del auto o en el hogar y dejar las grabaciones intactas para aquellos momentos que se deseen escuchar con todo su esplendor? La guerra del volumen deja a la música como una víctima. Cuando evitamos la compresión en favor de aumentar volumen, ganamos innumerables recompensas musicales: la dinámica de cada instrumento ayuda a proveer impulso rítmico de la música, sea un concierto de violín o un ritmo de reggae. La sensación de relajamiento que brinda está en contraste con la respuesta estresante por la alta compresión, permitiendo un compromiso más profundo en la música, mayor soltura en escuchar todas las partes musicales y más largos periodos de escucha. La sensación del espacio grabado, la acústica de los escenarios de grabación, sean hechas al natural o en estudio, es mucho más evidente, ayudando a llevar al escucha más de cerca al evento musical. Los instrumentos bajos mantienen más la definición de su tono, sin sufrir el suavizado y el desenfoque cuando el aumento de volumen tiene preferencia. Las guitarras eléctricas todavía tiene ese “piquete” que hacen cuando estás en su presencia pero que en muchas grabaciones ya no se siente de la misma forma. Los instrumentos de viento en jazz y música sinfónica pueden mantener esa fuerza impresionante que tiene en la vida real. Los instrumentos que suenan en los registros más altos mantienen esa armonía melódica que tienen en la vida real, sin la dureza que acompaña a la compresión. El ambiente alrededor de los músicos es perservado y por toda la grabación se percibe ese aliento de vida. Siempre habrá quienes realmente gusten del sonido resultante al tener la maximización de volumen como prioridad en la grabación. Todo bien y bueno si ese es el objetivo. Tal vez es hora de sacar esas viejas disqueras “Óyelo Fuerte” que resultan ser algunos de las grabaciones más viejas de los días antes de la guerra del volumen. Decir que se hará algo no acabará con la guerra del volumen, las acciones lo harán. Tendrá fuerza tanto por parte de músicos, productores e ingenieros. Se mantendrá en la voluntad de tomar la iniciativa en lugar de ser tan sólo un seguidor. Algunos tomarán su tiempo para hacer comparaciones cuidadosas en los niveles de sus projectos masterizados por volumen en contra de masterizados por la música. Algunos dejarán que sea la música y no los medidores de nivel los que determinen el nivel final de grabación. Ellos empezarán a darse cuenta que en verdad sus grabaciones “sobresalen” más cuando son reproducidas en la radio, a través de compresores de las emisoras, que las grabaciones que son impulsadas a pasar el límite. Se verán ellos mismos subiéndole al control de volumen en comparación a como se ajusta para las grabaciones reforzadas. También verán que sus proyectos muestran más fuerza, más golpe, más espacio, más bajo, más ambiente, más tranquilos, más música, más Vida que esas otras grabaciones. El fin de las guerras del volumen marcará la llegada de la siguiente época dorada de la grabación musical.

Nombre original del artículo: “Declaring An End To The Loudness War”. Autor: Barry Diament. Sitio Web: http://www.barrydiamentaudio.com.

Traducción: DJBarchs.

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